miércoles, 3 de noviembre de 2010

noviembre ...o el mes predecembrino.

Noviembre, penúltimo mes del año, en mi país ha perdido todo el carácter que alguna vez, en el principio de los tiempos, pudo haber ostentado. Y es que últimamente cada año que pasa pasamos por noviembre casi sin darnos cuenta. Que me disculpen los que nacieron en noviembre, pero déjenme decirles que su mes ha sido desprovisto de toda identidad, que pasó de ser un mes que se suponía que tenía su carácter particular a un mes que pasa de agache, desapercibido. Entre el mes de los niños y la navidad este mes sufre crisis de identidad. Este mes que fue disfrutado a más no poder en mis años de escolar, que marcaba el final de mis obligaciones hasta el no muy próximo febrero, ha sido birlado de su cualidad novembrina gracias a agresivas campañas de mercachifles que han invadido todos los ámbitos y medios posibles: la cuña-villancico decembrina empezó a sonar este año desde la tercera semana de octubre en la radio, los almacenes de adornos navideños ya están a todo dar, rojo y verde por todos lados, adornos navideños ya puestos y funcionando incluso en casas particulares, y en definitiva, un pesado ambiente predecembrino que soslaya por completo su identidad. A noviembre no le quedó nada de lo que tenía, excepto los días de fiesta. Cuando a uno le dicen noviembre ya se imagina diciembre, y con ésto y muy a pesar mío, que lo cogió la noche (buena) sin comprar los aguinaldos, que se acabó el año y no pudo terminar con las obligaciones (¿el otro año sí?), y que ojalá llegue diciembre de verdad para al menos pasar esta pena con buñuelos, marranada y amigos. Como noviembre no vende, hagamos que diciembre empiece más temprano.

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