Hace poco hubo un concurso de barbas en la red. El premio era una bellísima navaja de afeitar tradicional que por supuesto me hubiera gustado tener en mis manos. Fui conminado a participar ya en los últimos días del concurso y al principio yo no quería pero terminé aceptando y me di a la tarea de escribir el corto relato que acompañaría mi foto de barbado. El último día alisté todo para el envío al concurso y desafortunadamente no pude conectarme a la página del concurso. Quedé con los crespos hechos. Con el pesar de no haber podido someter mi barba a concurso comparto ese relato en este blog, aquí va:
Esperé hasta último momento para entrar al concurso. Uno de los criterios, espesura, no es mi fuerte. Y poco sentido tendría concursar porque sí, porque si uno se mete es porque cree que puede ganar, ¿o no? En todo caso yo no quería pero me dejé convencer...
Yo, para ser sincero, experimenté muchos "lucs" en mi adolescencia... El copete a la fuerza (de fricción) en los 80, hongo muy maricón, calvo por completo en el ejército, universitario de pelo más largo que el de la emberá del billete de diez mil que tuvieron que cambiar y por ultimo, barba. Gloriosa barba que me ha acompañado ya por más de 10 años. Que adoro porque demanda poco esfuerzo de mantenimiento: una podada semanal, cuando no quincenal.
Pues yo no pasé del pelo largo a barba así porque sí. Me afeitaba casi todos los días. Y sufría las consecuencias. Hasta que un día en el "conversation club" el teacher soltó la perla de que pa' conseguir nenas era mejor no parecer muy arreglado. Mejor hasta un poquito sucio porque así al menos a alguna le daría ganas de organizarlo a uno. Y ensayé a dejarme esta mi barba muy poco espesa. Puede que no se vea muy cuca, sino más bien como una cuca por el hueco de la cumbamba, pero no la cambio por nada. Estoy tan apegado a mi barba que cuando tengo pesadillas lo que me da más miedo es que por alguna razón me arranco los pelos de la barba y me toca afeitarme. Hace 10 años conocí a mi esposa. Hoy sigo felizmente casado.
